1
Me encontraba caminando por las impías calles de San Borja (en realidad primero estuve en un micro) cuando un insubordinado tuvo el coraje, mejor dicho la casi inimaginable valentía, de arrojar un globo lleno de agua, cochina agua del río hablador, pero en su fechoría no tuvo éxito, el proyectíl no llegó a su blanco original, reemplazándome por un anciano que se enfureció inmediatamente, pero al ver a a un comisario persiguiéndo al malhechor su inflamable estado de ánimo fue aplacado.
Luego de pagar unas cinco monedas de metal amarillesco (parecido al color de una caja de Toblerone, o aún mas cercano a todos nosotros: un lápiz número 2 pero cromado), el cual me pareció una tarifa módica considerando la distancia recorrida: un kilómetro y medio aproximadamente, metros más, metros menos, me baje en lo que los cobradores llaman paradero y caminé por un pasaje. En este peligroso sendero tuve que esquivar nuevos proyectiles lanzados desde las airosas ventanas del tercer piso de una casa, afortunadamente y gracias a mi singular sentido del oído, ningúno de estos misiles alcanzaron a tocarme, quise gritarle ¡Pajero! al lanzagranadas pero decidí continuar en mi incursión a la casa de Mi.
2
Qué tal floro no? Hoy estaba con ganas de contar algo.
0 balbuceos:
Publicar un comentario